Estimados europeos, ¡a nuestra salud!

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Hoy en día, la salud constituye la preocupación principal de la gente. Creo que los sistemas sanitarios deben enfrentar cuatro desafíos: pragmatismo, transversabilidad, responsabilización y sostenibilidad. El futuro de nuestra salud depende de ello.

El desafío del pragmatismo

En política, por fuerza de las circunstancias, la ideología gradualmente va cediendo terreno al pragmatismo. El significado de la palabra pragmatismo (“doctrina por la cual las cuestiones prácticas son el criterio del saber, al contrario del intelectualismo”) es bien elocuente. En efecto, la política se ocupa cada vez más de aspectos que afectan la vida diaria de las personas, tales como la salud, la educación y la seguridad social, entre otros. A título de ejemplo, las reformas sanitarias propuestas por Barak Obama jugaron un papel esencial en las últimas elecciones presidenciales de EEUU. Del mismo modo, en la UE las reformas de los sistemas sanitarios forman el núcleo de las agendas políticas de varios países.

El pragmatismo evita que las políticas sanitarias se vean irremediablemente afectadas por efímeros aspectos ideológicos, por los “ismos” que tantas desgracias han provocado en el mundo entero y que no permiten la aplicación de las soluciones sanitarias más adecuadas. Cuando el debate se convierte en una disputa partidaria, dependiente de cuestiones presupuestarias y ciclos electorales, se ponen en causa o se postergan las soluciones.

El desafío de la transversabilidad

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, “las acciones de promoción de la salud se llevan a cabo todos los días e incluyen iniciativas que comprometen recursos sociales, personales y físicos, además de intervenciones para combatir enfermedades”. La mejoría global de las condiciones sanitarias debe apoyarse en factores básicos, como niveles razonables de ingresos, buenas condiciones de vida y alimentación adecuada, así como acceso a la información, adquisición de competencias sociales, existencia de un mercado con oferta de productos, servicios y equipamientos saludables, y condiciones económicas, sociales y medioambientales de fomento a la salud.

En la actualidad, se puede observar que las enfermedades no transmisibles más comunes, como las enfermedades cardiovasculares, el cáncer y las deficiencias respiratorias crónicas, comparten varios factores de riesgo: tabaquismo, alcoholismo, sedentarismo y dieta inadecuada. Estos factores de riesgo están determinados por factores económicos, sociales, de género, políticos, de comportamiento y medioambientales, y exigen respuestas multisectoriales que los sistemas sanitarios nacionales deben ser capaces de coordinar. Debido a su prevalencia e incidencia en todas las regiones del mundo, ellos constituyen también un enorme problema de salud pública que, como es el caso de toda enfermedad, afectan a los grupos más desfavorecidos y socialmente marginalizados de la población.

Estas enfermedades crónicas, sumadas a la tecnología, la falta de información y el envejecimiento de la población, someten a los sistemas sanitarios de los países más desarrollados a una presión cada vez mayor. Y estas presiones, que a su vez desembocan en una restricción de los servicios prestados por los sistemas de salud pública, no dependen de la eficacia ni de la eficiencia de estos. Por tanto, es necesario abordar la salud de una forma transversal y desde diferentes perspectivas, que tomen en cuenta otros aspectos, como la educación, la acción social, la educación cívica y la economía como un todo. ¿Será que los gobiernos europeos se harán cargo de esta realidad?

El desafío de la responsabilización

Tengo la plena convicción de que los desafíos que enfrentan las sociedades de todo el mundo, como la salud, la educación y la seguridad social, no se reducen a una cuestión financiera sino que incluyen la conciencia civil y la educación. Es necesario llevar a cabo una actividad pedagógica en el seno de la población, para que las personas tengan conciencia de sus deberes y derechos. Creo que por lo menos una parte del debate y de la solución debe centrarse en la responsabilización, no sólo para definir los derechos de cada uno, sino para poner en marcha un mecanismo de reciprocidad con respecto a los deberes de quienes participan en la definición de políticas para nuestros sistemas sanitarios, así como a los deberes de toda la sociedad, de los usuarios, de los decisores y de los profesionales sanitarios. La falta de responsabilización actúa como un cáncer en los sistemas sanitarios.

El desafío de la sostenibilidad

Dar a todos el derecho a cuidar de su salud exige el cambio de varios paradigmas, y en particular concienciar a las personas de que la sanidad no es gratuita. Hoy en día, esta es una noción un tanto perversa relacionada con el comportamiento sociológico. Sin embargo, los servicios sanitarios son financiados indirectamente por todos, o al menos por la mayoría, a través de nuestros impuestos.
¡La salud del modelo europeo depende del liderazgo político o de nuestra capacidad de asumir una genuina ciudadanía europea!

Artículo de opinión publicado originalmente en la Euractiv, una red de publicaciones independentes que se ocupa de la actualidad de la Unión Europea.

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